Elon Musk, un genio fascinante

La genialidad es una condición azarosa. Quizás la muestra inequívoca de la creatividad infinita del ser humano o talvez solo una obra casual de la selección natural. Una, otra o cualquier hipótesis elucubrada sobre sus causas son siempre menores al asombro ante sus efectos. Elon Musk, por ejemplo, constituye una categoría peculiar de la inteligencia aplicada a la tecnología y los negocios, casi un estereotipo del paradigma estadounidense del american dream llevado hasta el paroxismo. Su excitante biografía, sus inquietudes y su permanente sospecha ante toda verdad prestablecida, le permiten hoy presentarse como uno de los hombres más poderosos, influyentes y acaudalados del mundo.

 

Por Joshua Morales

El origen

Elon Reeve Musk nació el 28 de junio de 1971 en Pretoria, Sudáfrica. Es hijo de la canadiense Maye Musk y del sudafricano Errol Musk. Entre otras cosas, su madre es experta en nutrición; su padre, ingeniero electromecánico. No es hijo único. Comparte la sangre de los Musk con un hermano menor (Kimbal) y una hermana menor (Tosca). Desde su infancia, se perfiló hacia un camino donde el aprendizaje siempre estuvo priorizado, así como el pensamiento lateral y los negocios.

Joven empresario y meteórico académico

Elon Reeve Musk nació el 28 de junio de 1971 en Pretoria, Sudáfrica. Es hijo de la canadiense Maye Musk y del sudafricano Errol Musk. Entre otras cosas, su madre es experta en nutrición; su padre, ingeniero electromecánico. No es hijo único. Comparte la sangre de los Musk con un hermano menor (Kimbal) y una hermana menor (Tosca). Desde su infancia, se perfiló hacia un camino donde el aprendizaje siempre estuvo priorizado, así como el pensamiento lateral y los negocios.

Elon aprendió a leer antes de los 5 años. A los 10 aprendió por sí mismo el código de programación en distintos lenguajes. A los 12 años desarrolló un juego de video (Blastar) por el cual cobró USD $500. Fue un lector asiduo de Isaac Asimov, el escritor de ciencia ficción y profesor de bioquímica ruso-americano. De este autor aprendió las bases para la construcción de una ética en la tecnología, y agregó principios de economía a sus múltiples proyectos, casi adelantándose proféticamente al fascinante devenir de su adultez.

Su vida en Pretoria acabó a los 17 años. Antes de obtener la mayoría de edad, su madre lo invitó a mudarse a Canadá, de donde ella es oriunda. Se nacionalizó canadiense y obtuvo una beca para la Universidad de la Reina, en Kingston, Ontario. Un par de años después fue transferido a la Universidad de Pennsylvania. Obtuvo asimismo un grado en Física y luego, en la Escuela de Negocios Wharton, consiguió otro laurel en Economía. A los 24 años se mudó a California con el objetivo de doctorarse en Física Aplicada y Materiales en la Universidad de Stanford. No obstante, abandonó el objetivo del PhD por algo que él consideró mayor: ¡la revolución de la tecnología mundial! Poco después, naturalmente, Estados Unidos le cedió la nacionalidad.

 

Del cerebro a los dólares

Elon Musk no solamente supo aislar su mente del ruido mundanal frente a las matemáticas o la física aplicada. Él buscó algo mejor. Integrar, en un sistema multinacional, la operación de múltiples empresas al servicio de la gente, respetando exigentes códigos de conducta moral, coherencia con la institucionalidad estatal internacional, antropocentrismo en la dinámica laboral y amor al medio ambiente.

Algo así como operativizar el sentido del bienestar común a través de la tecnología de vanguardia. Según Forbes, Musk es la vigésimo primera persona más influyente y la 53 más rica del globo. Sus negocios equivalen a USD $21 billones. Su relevancia económica es tal que los presidentes de Estados Unidos piden su consejo antes de cualquier acción sensible en materia socioeconómica nacional o internacional.

El sello Musk y el sueño espacial

Algunos de los negocios que ha emprendido son: Zip2, X.com y PayPal, SpaceX, Tesla, SolarCity, HyperLoop, OpenAl, Neuralink y The Boring Company. Muchas de estas han sido vendidas a consorcios y otros grupos comerciales. Empero, aquellas con mayor identidad Musk son Tesla y SpaceX. Tesla, especialmente, marca un punto de inflexión en la industria automotriz mundial. A nivel político, este genio de los negocios siempre ha insistido en que solamente el libre mercado y reglas claras del juego, en el marco de la igualdad de oportunidades iniciales, potencializarían la creatividad mundial, pero que un tema es ineludible y urgente: penalizar con severidad la huella de carbono desde el Estado. Desde ese entendido, Musk fundó Tesla, el fabricante de vehículos premium eléctricos. De estos, son conocidos el Modelo S, Modelo X, Modelo 3 y el Roadster. Su rostro es la cara del futuro de la vanguardia automotriz, la movilidad inteligente, la sostenibilidad de la producción en cadena y la movilidad ecoamigable. 

Elon Musk es el adalid de la extravagancia técnica. La transversalidad e interdisciplinariedad de su conocimiento ha fructificado gracias a sus brillantes alianzas estratégicas con otros personajes con IQ similar, como Adeo Ressi. Fundó, en 2002, SpaceX, un centro de manufactura y lanzamiento avanzado de cohetes y naves espaciales. Su objetivo es dar un paso contundente en la tecnología espacial con el anhelo concreto de permitir a las personas la posibilidad de vivir en otros planetas. En sus palabras: “hacer de la vida una cuestión multiplanetaria”. Aunque pueda parecer descabellado, SpaceX, casi como en un libro de Asimov o de Julio Verne, está cada vez más cerca de lograrlo. Es interesante señalar que muchas de las patentes generadas en esta empresa son utilizadas y adaptadas a los carros de Tesla.

 

 

Fotografía: Micheal Seeley

Las 10 reglas Musk

1.- Articular una visión poderosa.

2.- Las ideas son buenas solo si son ejecutables.

3.- La innovación puede acaecer en cualquier lugar y provenir de cualquier persona.

4.- Cada decisión debe tomarse con integridad.

5.- Los productos deben ser excitantes.

6.- La confianza en el sí mismo es esencial.

7.- Las zonas de confort existen para ser perturbadas.

8.- La disciplina y la perseverancia son los ejes de cada aventura.

9.- El aprendizaje es inagotable.

10.- El éxito no surge en solitario, la cooperación, las amistades inteligentes y el sentido de lo colectivo marcan el ritmo de la grandeza.

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